Cortesía: Richard
Montilla
Gustavo Delgado es un hombre de 64 años, que desde los 20 años dedica su tiempo a tallar piezas de José Gregorio Hernández, puesto que en cada creación pone toda su devoción, según él por favores y milagros que el médico de los pobres le ha concedido.
Nació en la ciudad de Valera, pero criado en Betijoque, por lo que se cataloga como un betijoqueño con orgullo, puesto que este municipio, ha hecho que este artista pueda mostrar su trabajo.
Se define como un padre honrado, esposo amoroso, abuelo orgulloso, señala que cada pieza que hace la talla con mucha pero mucha dedicación para que el resultado sea el mejor.
El talento lo heredó en su hogar, un día de la nada empezó a crear con pocos materiales, vio que todo iba muy bien, y se arriesgó, allí nació la primera pieza del hoy beato José Gregorio Hernández, desde entonces decidió dedicarse a este arte, que también se convirtió en un emprendimiento, con el apoyo de toda su familia, tiene ahora este lugar en el Santuario Divino Niño Jesús de Isnotú.
En principio comenzó ofreciendo sus tallas en lugares cercanos a su comunidad, hasta hace siete años cuando decidió poner un puesto y nombre a su talento, fue cuando llegó hasta el santuario de Isnotú, por lo que agradece cada día a sus familiares y allegados por otorgarle toda la confianza y apoyo, en esta oportunidad para este humilde trujillano que nació para triunfar con su ingenio y creatividad, a través de las creaciones con sus manos.
Este pequeño quiosco está repleto de mucho amor, se siente la armonía y la fe, que con la ayuda de su hija mayor mantiene vivo su emprendimiento, a diario le visitan personas trujillanas y de otros estados para llevarse una parte de Isnotú, y recordar cuán religiosa es esta tierra de “Santos y sabios”.

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